• La Orquesta Escuela Carlos Chávez cierra semestre. 
  • El violonchelista Luis Eduardo Vázquez Castro realizará su examen de titulación el sábado 13 de julio, en el Auditorio Blas Galindo
Ciudad de México.- Estridencia, dulzura, desasosiego, juegos tímbricos y ritmos asimétricos son algunos de los elementos que el público percibirá durante el programa 9 de la Orquesta Escuela Carlos Chávez (OECCh), cuando interprete La consagración de la primavera, obra de Igor Stravinsky, con la que cerrará sus actividades artístico-académicas del primer semestre de 2019. 

La cita para escuchar la insigne obra que rompió los cánones musicales del siglo XX, es el sábado 13 de julio, en el Auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes (Cenart) y el domingo 14, en el Salón Adolfo López Mateos del Complejo Cultural Los Pinos.

Otro aspecto a destacar de ambas presentaciones es la participación como solista de Luis Eduardo Vázquez Castro, joven violonchelista de la OECCh, quien sustentará su examen profesional con la interpretación del Concierto núm. 1 para violonchelo y orquesta de Dmitri Shostakovich, el sábado 13 de julio en el Auditorio Blas Galindo del Cenart, para sumarse a la lista de 30 titulados que han concluido sus estudios en la Licenciatura Instrumentista que imparte y coordina el Sistema Nacional de Fomento Musical (SNFM).

Para quienes no conocen las razones del porqué de La consagración de la primavera fue considerada un su momento como una impronta que marcó un antes y un después en la música de concierto, será una oportunidad invaluable de abrir sus oídos y disfrutar de la carga emotiva y ritual de esta obra que rompió el concepto romántico de lo “bello” con esquemas musicales que desvelaran “lo auténtico” que habita en el ser humano, como las pasiones, el deseo furtivo y el vínculo entrañable con la naturaleza.

Justo por ello, es que muchos especialistas han considerado que ese 29 de mayo de 1913, en París −fecha y lugar del estreno de esta obra−, nació de manera simultánea una visión moderna de creación musical y una concepción coreográfica vanguardista, a cargo de dos figuras artísticas del momento: Igor Stravinsky y Vaslav Nijinsky, bailarín y coreógrafo ruso que un año antes había provocado un escándalo al realizar una coreografía cuya expresividad y gesticulación erótica había encolerizado al público.

Escalas disonantes, extrañas combinaciones instrumentales y los rápidos cambios de tempo, que causaron gran tensión entre el público esa noche de estreno en la que fue recreado un rito pagano inspirado en las danzas antiguas eslovenas, donde un grupo de ancianos sabios, sentados en un círculo, contemplaban cómo una muchacha bailaba hasta morir, ofreciendo su vida al dios de la primavera.

Además, la exótica coreografía del bailarín ruso Vaslav Nijinsky y los extraños decorados y vestuario de Nikolái Roerich hicieron de ese ballet una danza frenética y furor desenfrenado, donde se exaltaba el rito de la fecundidad de la tierra y se sublimaba la unión del hombre con la naturaleza. "No tiene ninguna relación con lo que nosotros llamamos música", escribió un crítico de ese momento.

De hecho, Leonard Bernstein en un video publicado por TVE (Televisión Española) señala que esta obra desde sus primeros compases fue provocadora ya que remitía de manera simbólica a sexo y reproducción, además de que para los cánones que regían a la música de esa época era un tanto difícil de tocar. Después de los años 30 fue considerada una obra de repertorio.

Dividida en dos partes: Adoración de la tierra y Sacrificio, La consagración de la primavera está llena de episodios politonales, cuerdas percutidas, acentos y síncopas; juegos tímbricos, pulsos agitados, procesión, fanfarrias, caos absoluto y orden ritual; trémolos, solos, ostinatos; glorificación, estridencia, dulzura, desasosiego y disonancia, han hecho de esta obra, creada por Igor Stravinsky una pieza atractiva para los jóvenes cuyos elementos como los antes mencionados han sido retomados en ritmos como el jazz y el rock.

La cita para escuchar esta obra monumental y el concierto para violonchelo y orquesta de Shostakovich es el sábado 13 de julio a las 13:30 horas, en el Centro Nacional de las Artes; y en el marco de los conciertos de Los Pinos Suenan, el domingo 14 a las 14:30 en el Salón Adolfo López Mateos del Centro Cultural Los Pinos. El acceso a este recinto será por la Puerta 4. Ambas presentaciones son de entrada libre.

Para mayores informes consulte la cartelera en https://snfm.cultura.gob.mx/  y en www.mexicoescultura.com
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