Aquilatan la obra del ilustre arqueólogo Román Piña Chan, en el centenario de su natalicio

Aquilatan la obra del ilustre arqueólogo Román Piña Chan, en el centenario de su natalicio. Facebook

  • En el marco de la efeméride que se conmemoró este 2020, dos de sus discípulos: los investigadores del INAH, Pedro Francisco Sánchez Nava y Antonio Benavides Castillo, revisitan su legado
  • Aquilatan la obra del ilustre arqueólogo Román Piña Chan, en el centenario de su natalicio. Fotografía: Instituto Nacional de Antropología e Historia.
  • “Hoy lo recordamos con mucho respeto, gran cariño y asombro, como quien evoca el paso silencioso y seguro del jaguar al atardecer”.

Ciudad de México.- Es muy probable que Román Piña Chan (1920-2001) sea el arqueólogo mexicano con más sitios precortesianos estudiados: 54 asentamientos distribuidos prácticamente en toda la geografía nacional; y uno de los que más tiempo dedicó a la profesión: 68 años. Una entrega extraordinaria al trabajo y una agudeza capaz de armar, pieza por pieza, el rompecabezas del México antiguo, hacen que “hablar de Piña sea hablar de Mesoamérica, y viceversa”.

En esto coinciden el coordinador nacional de Arqueología y el investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Pedro Francisco Sánchez Nava y Antonio Benavides Castillo, respectivamente, dos de los tantos discípulos que formó el célebre investigador en su extensa faceta de maestro. A propósito del centenario del natalicio del ilustre arqueólogo campechano, que se conmemoró este 2020, ambos revisitan su vida y obra.

¿Quién no ha citado al maestro?, se cuestiona Sánchez Nava, “sus conceptos han sido retomados, pensados y utilizados como inspiración para nuevas investigaciones, y es una referencia bibliográfica obligatoria para la arqueología y la propia historia de esta disciplina en México”, argumenta.

A su vez, Benavides Castillo opina que, “para muchos, es un gran ejemplo a seguir, por su bonhomía, preparación y entrega al trabajo. Hoy lo recordamos con mucho respeto, gran cariño y asombro, como quien evoca el paso silencioso y seguro del jaguar al atardecer”.

La dimensión de su figura es la que llevó a un equipo de amigos, conocido como “Grupo Cultural de Estudiantes de Arqueología Román Piña Chan”, a crear, en 1996, el simposio que lleva su nombre, el cual en su próxima edición le rendirá un homenaje especial, a programarse una vez que termine la contingencia sanitaria por la COVID-19.

El investigador del Centro INAH Campeche, Antonio Benavides Castillo, cuenta el periplo de un joven de origen humilde, que dejó su barrio San Román (nació un 29 de febrero, poco después del día dedicado a este santo), para embarcarse hacia Veracruz y de ahí en tren a Ciudad de México, donde haría efectiva una beca para estudiar biología en el Instituto Politécnico Nacional. 

Sin embargo, en su camino se cruzó Daniel Rubín de la Borbolla, quien lo convenció de estudiar arqueología en la antigua Escuela de Antropología, en la calle Moneda, a un costado de Palacio Nacional. 

“Es curioso que su primera práctica de campo lo regresaría su estado natal, a 40 kilómetros de la ciudad de Campeche, donde se localiza la Isla de Jaina. Casi inmediatamente después de su titulación, en 1953, se dedicó a la docencia en la ENAH, y muchas veces fue comisionado para ‘salir al quite’ a diferentes proyectos arqueológicos, de los que además se tenían importantes descubrimientos, y que eran de interés de los diversos gobiernos estatales.

“Es así como conoció diversas partes de la República Mexicana, y siempre se preocupó por dibujar, fotografiar y escribir, por lo que fue acumulando experiencia que le sería muy útil a lo largo de su vida. Es por eso que a Román Piña Chan se le ha llamado el mejor ‘mesoamericanista’”.

Además de su papel como conservador de la Sección de Arqueología del flamante Museo Nacional de Antropología, durante su periodo como director de Monumentos Prehispánicos impulsó la creación de varios museos de vocación arqueológica, entre ellos, el de Teotenango. A la par, mantuvo su trabajo en campo en sitios de Michoacán, Morelos, Tabasco, Estado de México, Ciudad de México, Jalisco, Yucatán, Chiapas, Oaxaca, Tlaxcala, Veracruz…

Piña Chan no se conformaba con la entrega de informes, y empezó a integrar una historia de Mesoamérica por entregas, contrastando la evidencia arqueológica con la lectura de fuentes históricas. Su tesis doctoral Arqueología y tradición histórica: Un testimonio de los informantes de Sahagún, rescata la trascendencia de esta fusión, señala Benavides. Resultaría ocioso enlistar los premios obtenidos, pero vale citar el Nacional de Ciencias y Artes, en 1994.

“Uno de los grandes aportes de Piña Chan fue la secuencia sobre el desarrollo de los pueblos mesoamericanos, brindó más bases para comprender los llamados periodos: Preclásico, Clásico y Posclásico. Él se puso a trabajar sobre la política, integración social y desarrollo de ciudades y asentamientos; habla de los señoríos, de las sociedades teocráticas y de otro tipo, las cuales se formaron en las distintas regiones del México antiguo”, finaliza Benavides Castillo.

Memoria de México para el mundo

En 2015, el acervo de Román Piña Chan fue inscrito en el Registro Memoria del Mundo de México, luego de la nominación de esta colección ante la UNESCO. Trescientos cuatro manuscritos de artículos y libros, los archivo fotográficos del área maya y del México prehispánico (que suman más de 34 mil piezas), dibujos e ilustraciones sobre estos mismos temas, libretas de apuntes y mecanuscritos, entre otros documentos, conforman el centro que lleva su nombre en la Universidad Autónoma de Campeche.

En estos días de confinamiento, y como parte de la campaña “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, es buena opción conocer el acervo del célebre arqueólogo, disponible en: http://romanpinachan.uacam.mx. 

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