Mérida, Yucatán.- La locutora Fabiola Camargo exhibió en redes sociales una presunta “conducta inaceptable e irrespetuosa” del Muy Ilustre Señor Canónigo Luis Felipe García Álvarez, miembro del cabildo de la Basílica de Guadalupe, de la Ciudad de México, quien “se atrevió a cruzar mi espacio personal al agarrarme del cuello e inclinar mi cabeza hacia la mesa donde estaba comiendo diciendo “come, come”.
La creadora digital explicó que los hechos ocurrieron el fin de semana durante un encuentro católico al que acudió “por chamba, no por gusto”, “además de escuchar discursos con los cuales no coincido”.
---“Por supuesto que no lo conozco, y él a mi tampoco. Se me hizo de lo más desagradable y asqueroso que ensara que podía tratarme de esa maera solo por el hecho de ser cura. Le dije que no me tocara y se alejara. Al ver mi enojo se dedicó a pedir perdón”.
“Le dije que lo que hizo estaba mal, mi cara no disimulaba mi descontento. Me puse de pie para tomar mis cosas mientras no dejaba de repetir “perdón, perdón”. “Perdón, es que así me llevo con muis hermanas”, señaló.
Ante de irme, agregó, me volvió a pedir perdón. Lo miré a los ojos y solo pude repetir “lo que hiciste estuvo mal, muy mal”. Me di la vuelta y me fui. No terminaba de procesar qué había pasado. Estaba muy enojada. Me enojo más el hecho de pensar en muchas otras cosas que pude haber dicho, mi reacción muy tranquila y contuve mucho coraje al momento. Me enojó mantener mi compostura”.
Texto publicado por Fabiola:
----“Hago pública la conducta inaceptable e irrespetuosa del M. Iltre. Sr. Cango. L. F. G. A. de la CDMX ocurrida durante un evento católico en la ciudad de Mérida.
Estando sentada comiendo junto a mis compañeras de trabajo, este sujeto —a quien no conozco de nada— invadió de manera física mi espacio personal, colocando violentamente su mano sobre mi cuello y empujando mi cabeza hacia abajo una y otra vez mientras me decía “Come, come”. Una acción no solo desmedida y grosera, sino profundamente humillante y obscena.
Al enfrentarlo, pretendió justificar su agresión diciendo: “Es que así me llevo con mis hermanas”. Utilizar este argumento no solo es irresponsable, sino sumamente peligroso: normaliza la invasión del cuerpo ajeno, disfraza el acoso bajo el pretexto de la "confianza" y perpetúa un claro abuso de poder sobre las personas que lo rodean.
Una sotana no le otorga el derecho de tocar a nadie sin su consentimiento, ni de camuflar faltas de respeto tras dinámicas violentas. Si esto es capaz de hacerlo en un evento público frente a testigos, resulta alarmante pensar cuántas personas más han tenido que soportar sus agresiones en silencio.
La investidura religiosa no garantiza impunidad, y la dignidad de las personas no está sujeta a sus "juegos" ni a sus abusos”, finalizó.



No hay comentarios.
Publicar un comentario