- “Esto está pasando aquí en Mérida, porque estos sujetos eran colombianos, y porque, así como me pasó a mí, le puede pasar a cualquiera”.
Mérida, Yucatán.- Un nuevo caso de extorsión fue denunciado públicamente. Un empresario de fletes y mudanzas reveló que fue citado para un presunto servicio en una propiedad rumbo a Tixkokob y al llegar, a la altura indicada, le pidieron apagar teléfonos y mantener una videollamada y seguir las instrucciones de una persona que “me iba a interceptar”.
---“Desde ese momento supe que algo no estaba bien. Mi cuerpo temblaba, mis pies se aflojaban… y mi mente voló directo hacia mis hijos”, narró Paco P., quien señaló que estos sujetos (por su acento tras la plática que entabló con ellos) son colombianos.
---“Esto está pasando aquí en Mérida, porque estos sujetos eran colombianos, y porque, así como me pasó a mí, le puede pasar a cualquiera”, señaló.
Usuarios de redes sociales, tras la fotografía que compartió del sitio donde fue dirigido, identificaron el lugar como un extenso terreno propiedad de la JAPAY donde hay 18 pozos con sus respectivas casetas. Tiene una entrada y una salida, donde existía una caseta de vigilancia de acceso.
El testimonio del empresario:
---“Hoy viví uno de los momentos más difíciles y aterradores de mi vida.
En 12 años dedicándome a los fletes y mudanzas nunca había sentido un miedo tan profundo como el que sentí hoy… solo comparable con aquel suceso del 2009 en Monterrey, cuando me llevaron a un terreno y pensé que nunca más iba a volver a casa. Ese día creí que ahí terminaba mi historia, y hoy, por un momento, sentí algo muy parecido.
Un servicio que parecía normal terminó convirtiéndose en una situación que no tenía absolutamente nada que ver con un trabajo honesto. Al llegar empezaron a preguntarme cuántos teléfonos llevaba, me pidieron apagar dos, mantener una videollamada abierta y seguir las instrucciones de una persona que “me iba a interceptar”. Desde ese momento supe que algo no estaba bien. Mi cuerpo temblaba, mis pies se aflojaban… y mi mente voló directo hacia mis hijos.
Pensé en ustedes, mis niños. Pensé en sus caritas, en su risa, en lo que representan para mí. Y se me hizo un nudo en el alma imaginar la posibilidad de no regresar. Gracias a Dios tuve la reacción, la intuición y la fuerza de alejarme. No sufrí daño físico, pero sé que estuve cerca. Muy cerca.
Y no, no lo comparto para dramatizar, ni para que nadie diga “pobrecito”.
Lo comparto porque es real. Porque esto está pasando aquí en Mérida, porque estos sujetos eran colombianos, y porque así como me pasó a mí, le puede pasar a cualquiera. Hoy nos toca estar alertas, cuidarnos, no confiarnos y pensar dos veces antes de acudir a un domicilio extraño.
El lugar donde me citaron fue en la carretera a Tixco. No me atacaron, gracias a Dios… pero la sensación de peligro fue clara y directa. Y hoy, más que miedo, lo que me queda es gratitud.
Gratitud por regresar.
Gratitud por tener otra oportunidad de abrazar a mis hijos.
Gratitud por estar vivo.
A mis hijos y esposa
Ustedes son mi motor, mi fuerza y mi razón de seguir aquí.
Por ustedes me cuido, por ustedes lucho y por ustedes agradezco cada día que Dios me permite volver.
Cuídense. De verdad. Cuídense mucho.
La vida es frágil y a veces, en un segundo, todo cambia.
Adjunto foto del lugar donde nos citaron y eso era la entrada, súmenle que entramos ingenuamente a la brecha como 2 km y nos faltaban 7 minutos para llegar, no había pa’ dónde dar reversa o inversión.

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