- Ese día Manolo se ofreció darme el aventón del aeropuerto hasta el Centro. “Pero no podemos llegar juntos, tú te bajas en San Juan y caminas hasta el Sureste. No quiero problemas en el Diario”.
Hubo una época en el periodismo yucateco que sólo había tres medios de comunicación: el Diario de Yucatán, el Diario del Sureste y Novedades de Yucatán. Había uno más, el Diario de la Tarde que, para efectos noticiosos, sus reporteros no eran competencia entre los primeros mencionados.
Mi inocencia. Cuando llegué a la fuente aeroportuaria, como parte de mi capacitación periodística en el Diario del Sureste el territorio era dominado por dos consagrados periodistas: Manuel García Figueroa y Fidelio Interian Baeza. Ellos sabían los horarios de los vuelos y los secretos de los rincones y decires de los empleados.
Mientras me esforzaba por perder el miedo de acercarme a los viajeros y preguntarles quienes eran, el motivo de su viaje (ida o vuelta), ellos, conocedores de los horarios, ya estaban sentados en el restaurante desayunando o tomando un café. Cuando me acercaba, guardaban silencio y muchas veces se levantaban antes que llegara. Eso me apretujaba el estómago.
En más de una ocasión comenté el caso al director Oswaldo Baqueiro López. “Tú sigue adelante, lo estás haciendo bien”, respondía. Me mostraba la bitácora de notas publicadas del aeropuerto en el Diario de Yucatán y en Novedades. “Los aventajas, están celosos”.
Cuando aprendí los horarios de los vuelos, me quedaba en la sala de espera revisando mis datos. Oteaba si seguían sentados en el café. Muchas veces los dejaba de ver. “Ya se fueron”, me dijo un día la señora del Lavatap.
Así transcurrieron varios meses hasta que un día, revisando mis apuntes se sentó junto a mí el Capitán Carrillo. “Hola amigo. Sé que eres el reportero del Diario del Sureste. Ven, te invito a desayunar. Ellos reciben una cortesía del restaurante y puedes usarlo tú también”. Lo seguí, nos sentamos en una de las mesas y estuvo platicando conmigo largo rato. Él me contó cómo se intercambiaban sus notas y hasta la lista de pasajeros al que tenían acceso en las aerolíneas. Ahí conocí otro periodista, Manuel Acuña López.
Un día, cuando salió el último vuelo Fidel (Novedades de Yucatán) se acercó y me invito a sentarme en la mesa que ocupaban. Fue Manolo quien sentó las reglas. Yo les pasaría notas de mis entrevistados y ellos los nombres de pasajeros que yo no tuviera. Obvio que no acepté.
Ese día Manolo se ofreció darme el aventón del aeropuerto hasta el Centro. “Pero no podemos llegar juntos, tú te bajas en San Juan y caminas hasta el Sureste. No quiero problemas en el Diario”. Fue el inicio de una amistad. Nunca compartimos información.
(El 5 de febrero de 1986 falleció en Guerrero el exgobernador Carlos Loret de Mola Mediz. Agentes de la FGR se presentaron en el periódico para que Manolo confirme que efectivamente vio viajar al exgobernante ese día. La lista de viajeros que obtenía de las aerolíneas le jugó una mala pasada, porque Loret nunca abordo el avión).
Cuando cubrí policía conocí a Ángel Cabañas Basulto y a Rudesindo Ferráez, Fernando Castro y Armando Escalante. Con estos dos últimos recorríamos la ciudad en el volchito del último, escuchando su radio de banda civil (que para mí era una novedad) como una manera de allegarse de datos informativos.
Recuerdo las largas pláticas con don Isidro Ávila, ya sea en el Campestre (cubriendo bailes y fiestas de fin de año) o en la sala de prensa del Palacio, donde conocí a otro gran periodista Antonio Felipe Puc Sabido.
De Antonio recuerdo uno particular. El Diario había iniciado una serie de publicaciones contra el gobernador Víctor Cervera. Nos fuimos de gira a Yaxcabá. El periódico envió a Antonio y cerca de las tres de la tarde, Puc Sabido, con quien tuve la oportunidad de compartir la cobertura en el Congreso del Estado (le decían el Diputado 26), se acercó y me preguntó si sabía a qué hora comeríamos.
Observador, Cervera se dio cuenta y con su mirada me invitó a acercarme a él. “¿Qué te pregunto Tonicho?”. Que a qué hora comeríamos. “Dile que hoy no comemos, venimos a trabajar no a comer”, ordenó. Cumplió su palabra, ese día los reporteros y fotógrafos no recibieron alimentos, con el evidente enojo del director de comunicación Social, Pedro Pacheco.
Tiempo después conocí y trabajé con Antonio Moreno Várquez y Roger Narváez Huchim y Aurelio Aguilar Morales. Años después otro periodista Martiniano Alcocer Álvarez me habló sobre esas prohibiciones de fraternizar con otros reporteros.
Eran tiempos en las que el Diario prohibía a su personal reporteril convivir con representantes de otros medios y que nosotros, al menos con los que he mencionado, superamos. Nos hicimos amigos, colegas, familia.
Fue una época en la que el Diario invisibilizó el nombre de sus periodistas. Las notas informativas no se publicaban con la firma del autor porque en la redacción se encargaban de cambiarle y agregarle el estilo y otros datos. Quejas de los entrevistados con los reporteros, muchas.
Hay en el tintero un alud de anécdotas.
Junio de 2026

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