- La pregunta es ¿qué hacen la autoridades educativas, sindicales y universitarias ante los depredadores
A últimas fechas han salido a la luz pública casos de abuso sexual en una escuela secundaria de Mérida (15 niñas violentadas -una embarazada-) y el de otras a nivel licenciatura (UPN 31-A Mérida). Solo son muestras de botón, de las últimas semanas, de lo que ocurre en los planteles educativos yucatecos.
Hay muchos casos más silenciados, invisibilizados, desde planteles escolares rurales hasta universidades en la ciudad. Esto sin abordar el hostigamiento que sufren servidoras públicas en dependencias municipales, estatales y delegaciones federales.
Concentrados en la educación. Por ejemplo, #UADYSinAcoso, el principal colectivo estudiantil enfocado en visibilizar, denunciar y luchar contra la violencia sexual y el acoso dentro de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) ha transparentado numerosos casos.
La pregunta es ¿qué hacen la autoridades educativas, sindicales y universitarias ante los depredadores? Porque en la inmensa mayoría de los casos es vox populi en los pasillos, aulas escolares y dirigencias de las delegaciones sindicales se sabe quién es el abusador.
Les cuento. Fue todo un escándalo cuando el padre de María se presento al plantel escolar en busca del maestro que había abusado de su hija para romperle la maceta. El docente huyó. Al enterarse, el delegado se reunió con el profesor y le propuso, como primera ‘oportunidad’ enviarlo a una escuela en otro municipio, una licencia temporal ‘mientras se calman las aguas’, tomarse un año sabático y hasta una Licencia por Acuerdo Presidencial (Acuerdo 754), un permiso especial con goce de sueldo que se otorga al personal docente que padece una enfermedad que le impide continuar temporalmente con sus labores, “mientras María egresa del plantel, luego regresas” y, finalmente, una jubilación anticipada.
Desconozco cuál de las opciones aceptó. Lo cierto es que ese profesor ya no acude al plantel. En la FGE la denuncia de los padres duerme el sueño de los justos.
Es una muestra del panorama que enfrentan las alumnas, en su mayoría, y alumnos, así como los padres de familia. Sí hay oídos sordos y mucho encubrimiento. Muchos estudiantes y sus familias guardan silencio ante estas agresiones por vergüenza social. Esto sin mencionar a las maestras que sufren el acoso de sus compañeros.
En las comunidades rurales la figura del maestro todavía es respetada, por eso en el caso de Tesoco, comisaría de Valladolid con un poco más de mil habitantes, aunque el ataque no ocurrió en el salón de la telesecundaria los papás recurrieron al director para notificar el hecho y buscar orientación legal. Como transcurrieron los días y sin sanción aparente, ellos creyeron que los docentes encubrían al intendente. Ya sabemos el colofón.
La presión ejercida por los padres de familia, quienes vieron que el señalado acudía a trabajar “como si nada, poniendo en riesgo a otros niños”, solo es uno de los métodos de lucha en busca de justicia cuando ésta no llega por la vía legal. El pueblo es sabio ¿Qué no?
Ahora solo queda esperar que las autoridades competentes, #FGE, #SEGEY y #PRODENNAY, realicen las investigaciones, en todos los casos denunciados, y deslinden responsabilidades.
Le pregunto: Si usted fuera el padre o madre de Jesús, el niño abusado, ¿qué haría?
Leo sus comentarios.
Junio de 2026

No hay comentarios.
Publicar un comentario