- Mérida es el hogar hoy en día no solo de tizimileños, progreseños, motuleños y de todos los 105 municipios de oriente a poniente y de norte a sur
Lejos de posiciones política el virulento ataque contra uno de los aspirantes a la alcaldía de Mérida por su lugar de nacimiento, con expresiones peyorativas de vallisoletano, no solamente es prejuicioso, excluyente y discriminatorio, sino que lo vilipendian para presentarlo ante la percepción pública de que es ajeno a la sociedad meridana. Es un acto xenófobo que no se debe normalizar.
¿Por qué? Porque Mérida es el hogar hoy en día no solo de tizimileños, progreseños, motuleños y de todos los 105 municipios de oriente a poniente y de norte a sur, sino de migrantes venidos desde Campeche hasta Baja California y llegados de Argentina, Venezuela, Cuba, El Salvador, Ecuador y Colombia. Es numerosa la comunidad de chinos, coreanos, estadounidenses.
Mérida es cosmopolita. Aquí no sólo viven los de Progreso, Tizimín, Oxkutzcab, Akil, Tekax, Ticul o Peto que salieron en busca de mejores horizontes que brinda la capital, sino que también es residencia de norteños, chilangos, poblanos, veracruzanos, tabasqueños, chiapanecos. Esa aporofobia (rechazo y desprecio) que se fomenta desde algún rincón oscuro de la ultraderecha por el municipio donde naciste (incluso muchas veces por el apellido maya) se debe frenar. Normalizarlo es peligroso.
Anécdota. Cuando fui jefe de Comunicación Social del Consejo Electoral, el Diario de Yucatán publicó un extenso editorial escrito por el abogado Osorno Negrin cuestionando a todo pulmón, indignadísimo, cómo el vocero de un organismo estatal estaba en manos de un extranjero, particularmente de un beliceño. O sea yo.
Hice una respuesta aclaratoria y me apersoné al edificio para entregarla. Enterado el director don Carlos Menéndez que estaba ahí me invito a su oficina, platicamos largamente sobre el proceso electoral y del compromiso del diario con la democracia. Me mostró las instalaciones y la visita finalizó con una invitación a incorporarme al cuerpo de reporteros. Quedamos en excelentes términos como amigos hasta su último suspiro.
El caso es que Osorno se enteró que al frente de prensa estaba un negro, así es mi apodo, y con ello desencadenó su xenofobia. Algo que el panismo local suele utilizar para hacer sentir inferior a los diferentes grupos que habitamos en esta tierra del Mayab.
Otros menos jóvenes recordarán la enorme campaña mediática del PAN que se aplicó a José Guadarrama Márquez en unas elecciones. Las personas que llegaron con él se les denominaba “aztecas”, la agresión llegó a tal grado que se sentía en el ambiente una persecución a los llegados del altiplano.
Por nuestra parte tenemos un sentido de pertenencia. Mi esposa, nacida en el corazón de Coyoacán, amaba esta tierra y las playas de Chelem. Siendo maestra dedicó su vida a la formación de miles de jóvenes yucatecos. Quienes vivimos en Mérida deseamos lo mejor para nuestra ciudad. Queremos un espacio seguro, pujante, y de armonía donde crezcan nuestros hijos, hijas, nietos, nietas y herederos y herederas.
Todos los que vivimos aquí en Mérida somos meridanos y tenemos el derecho a elegir a nuestras autoridades y a ser elegidos también. Estas agresiones nos deben unir. Los tiempos ya cambiaron. Han vivido 35 años de sentirse dueños de Merida, la del norte, porque bastaría caminar en las colonias del sur y más allá en la periferia, en el amplio cinturón de pobreza, donde hay casas de palitos y techos de lonas, para corroborar el sectarismo y clasismo con el que han administrado esta ciudad.
En el fondo recurrir a la xenofobia y desplegar la estructura para infundir miedo, animar y erosionar no es más que el temor, que digo temor, es el pavor a perder la joya de la corona.
Es una reflexión.
Octubre de 2026

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