Ciudad de México.- La Iglesia Católica en México manifestó su dolor por la muerte de Valeria, de solo 21 meses, y su padre, Óscar, ambos naturales de El Salvador, cuando intentaban cruzar la frontera de México y Estados Unidos.

Las imágenes de los cuerpos de ambos, a orillas del Río Bravo, que separa los países norteamericanos, han conmovido a miles en los últimos días. Muchos compararon su caso con el del pequeño Aylan, un niño sirio que murió ahogado en 2015 cuando su familia trataba de llegar a Grecia.

En diálogo con ACI Prensa, Mons. Alfonso Miranda, Obispo Auxiliar de Monterrey y secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), afirmó al reportero David Ramos que la muerte de ambos nos lleva a cuestionarnos “cuál será el tamaño del sufrimiento de gente de Centroamérica que no importándoles nada se van a buscar sus sueños y a arriesgarlo literal y absolutamente todo”.

Padre e hija murieron el domingo 23 de junio. Viajaban junto a la madre de la pequeña, Tania, e intentaron cruzar cerca de Matamoros, en México. Al otro lado del río, esperaban llegar a Brownsville, Estados Unidos.

Los tres dejaron El Salvador el 3 de abril de este año, con la esperanza de superar la pobreza y un futuro mejor para su hija.

ADVERTENCIA: La imagen puede herir la sensibilidad del lector.

De acuerdo al sitio web elsalvador.com, el 23 de junio por la tarde, a través de Facebook, Óscar le dijo a su hermana que planeaba entregarse a las autoridades migratorias estadounidenses una vez cruzaran el Río Bravo. Tres horas más tardes, Tania, llorando, le decía a su suegra que Óscar y la bebé habían muerto arrastrados por las aguas.

Pero el caso de ambos no es único. La prensa mexicana ha informado en los últimos días de cerca de una decena de muertos en la frontera, entre ellos al menos tres niños.

Para Mons. Miranda, “aquí en México nos está faltando lanzar un fuerte grito que se oiga y que resuene en todo México y más allá, Estados Unidos, Centroamérica y el mundo entero, y que diga: ‘yo también soy migrante’”.

“¿Quién no ha emigrado? Mi propia familia migró hace 80 años, no de otro país pero sí de otro estado del país”, recordó.

“¿Aquí quién no es migrante?”, cuestionó.

En México, insistió, “falta mayor conciencia de que todos somos migrantes”.

Tras recordar que Jesús, María y José fueron migrantes, el secretario general de la CEM subrayó que la Iglesia Católica mantiene firme su ayuda a los migrantes, “a pesar incluso de campañas de xenofobia, de reclamos de la sociedad”.

“Obispos, diócesis, parroquias, más de 130 casas de migrantes no ha dejado de brindar apoyo, ayuda humanitaria”.

La Iglesia, precisó, “no ha dejado en ningún momento de hacerlo, ha caminado junto a los migrantes”, atendiéndolos en la enfermedad y en el hambre.

Actualmente, destacó, el trabajo está organizado en “un equipo nacional, en regiones norte, centro sur. Todos conectados, unidos diocesanos y religiosos”.

Mons. Miranda precisó que el drama migratorio “es un fenómeno que no podemos no mirar, no podemos no vivir. Hay tantas causas, injusticia, violencia, falta de empleo, falta de educación. Hay tantas en Centroamérica, en Asia, en América del Sur, hay tantas cosas que empujan a la gente a buscar nuevos espacios. Y no podemos nosotros dejar de tener un corazón sensible que ayude”.

“¿Se necesita una estructura mundial que resuelva? Por supuesto que sí. Pero eso le toca a los gobiernos, organismos internacionales. Cada quien lo que pueda hacer a nivel internacional. Pero a nivel local, al hermano que pasa a tu lado no puedes cerrarle el corazón”, dijo.

El Obispo mexicano señaló que ante la dura decisión de emprender el viaje de los migrantes “lo que puedo es comprender la causa que los empuja”.

“Solamente puedo comprender a aquel papá, aquella mamá, que sale con sus hijos de la mano sin mayores recursos y sin mayores cosas que las propias a buscar un futuro mejor. Esa aspiración humana jamás se va a quitar”, señaló.

“Si esa es la alternativa que un hombre o una mujer toman, que aparten la fortaleza necesaria, la audacia necesaria, la confianza en Dios y todos son conscientes de las grandes dificultades y riesgos que hay”, dijo.

Al mismo tiempo, alentó a “que la mano caritativa del hermano no decaiga” frente al sufrimiento del migrante.

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