• El último día de los dinosaurios: un infierno de corta duración a escala local, seguido de un largo período de enfriamiento global. “Se achicharraron y luego se congelaron”, dice Gulick
  • El asteroide impactó con una potencia equivalente a la de diez mil millones de bombas atómicas como la de Hiroshima.
  • Un estudio, basado en las muestras de rocas extraídas de la "zona cero" del impacto, el cráter Chicxulub (México), reconstruye la secuencia catastrófica de sucesos desencadenada por el choque de un gran meteorito.
Washington.- Hace 65 millones de años, una enorme roca de diez kilómetros impactó contra la Tierra y desencadenó la quinta extinción masiva. Ese día, el último de los dinosaurios y el primero de una nueva era dominada por los mamíferos -y por el hombre-, ha sido reconstruido en un estudio que se publica en la revista Pnas con el título El primer día del Cenozoico.

Los investigadores estiman que el asteroide impactó con una potencia equivalente a la de diez mil millones de bombas atómicas como la de Hiroshima. La explosión carbonizó toda la vegetación situada a miles de kilómetros a la redonda del impacto y desencadenó un enorme tsunami que llegó hasta el interior de Norteamérica, a más de 2.000 kilómetros de distancia.

Dentro del cráter, los investigadores encontraron carbón vegetal y también un biomarcador químico de la presencia de hongos del suelo dentro o justo encima de capas de arena, lo que sería signo de haber sido depositado por un reflujo de aguas. Estos hallazgos sugieren que el paisaje carbonizado fue arrastrado hacia el cráter por el retroceso de las aguas del tsunami.

La investigación, liderada por científicos del Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas (Estados Unidos), se basa en el análisis de las muestras de rocas extraídas de la "zona cero" del impacto, el cráter Chicxulub, de la península de Yucatán (México).

En la superficie de la Tierra hay cerca de 200 cráteres de impacto conocidos. Algunos están muy bien conservados e incluso son claramente visibles, como el cráter Barringer en Arizona en EE UU de unos 1.200 metros de diámetro, mientras que otros son detectados solo por los ojos entrenados de geólogos y geofísicos especializados.

El meteorito de Chicxulub, causante de una de las cinco extinciones masivas

El más importante de todos ellos es el cráter Chicxulub, situado en la península de Yucatán en México. A pesar su enorme tamaño, de 200 kilómetros, no ofrece vistas espectaculares para un visitante. El cráter está enterrado bajo cientos de metros de sedimentos que se han acumulado a través de los millones de años que han pasado desde que se formó, hace unos 65 millones de años.

Aunque ha habido muchos grandes impactos en nuestro planeta a lo largo de su historia, Chicxulub es el único conocido por haber causado una de las cinco grandes extinciones masivas de la vida en el planeta.

Una porción de los núcleos perforados de las rocas que llenaron el cráter de impacto del asteroide que aniquiló a los dinosaurios. / International Ocean Discovery Program
El estudio, en el que han participado investigadores del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), reconstruye los procesos geológicos, químicos y biológicos generados por el impacto del asteroide que cayó sobre la Tierra con una potencia equivalente a diez mil millones de bombas atómicas como la de Hiroshima.

En un primer momento, la explosión quemó la vegetación que había en varios miles de kilómetros a la redonda y desencadenó un tsunami gigante que arrastró sedimentos hasta el interior de Norteamérica -más de 2.000 kilómetros tierra adentro- pero lo peor vino después.

El impacto liberó tanto azufre a la atmósfera que bloqueó la luz solar y causó un enfriamiento global que acabó con los dinosaurios y con el 75% de las formas de vida del planeta.

Fue un infierno local de corta duración, seguido de un largo periodo de enfriamiento global: los dinosaurios "se achicharraron y luego se congelaron", aunque "no todos murieron ese día", resume Sean Gulick, profesor de investigación en el Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas y autor principal del estudio.

“Las evidencias incluyen fragmentos de carbón vegetal, una mezcolanza de rocas arrastradas por el contraflujo del tsunami y una notoria ausencia de azufre. Todas ellas pertenecen a unas muestras de roca que ofrecen los datos más detallados hasta ahora de las secuelas de la catástrofe que terminó con la era de los dinosaurios”, señala.

“Es un conjunto de muestras que pudimos extraer de la zona cero del impacto”, dijo Gulick, que también codirigió la misión científica de perforación del Programa Internacional de Descubrimiento Oceánico (IODP 2016), que extrajo en 2016 las rocas del lugar del impacto, desde una plataforma en alta mar, en la península de Yucatán.

“Nos permite estudiar los procesos del impacto desde una ubicación casi de testigos oculares”, añade. El estudio se publica hoy en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y se basa en trabajos anteriores que permitieron describir cómo se formó el cráter y cómo la vida se recuperó relativamente rápido en el lugar del impacto. 

Los análisis indican que la mayor parte del material que rellenó el cráter en las horas posteriores al impacto se originó en el mismo lugar del impacto o fue arrastrado por el agua del océano que fluyó de nuevo hacia el cráter desde el Golfo de México circundante.

En un solo día se depositaron unos 130 metros de material, una tasa de acumulación vertiginosa que se encuentra entre las más altas jamás encontradas en el registro geológico y que ha permitido reconstruir los sucesos que tuvieron lugar dentro y fuera del cráter desde el momento del impacto hasta varias horas después.

Jens Ormö, investigador del Centro de Astrobiología y coautor del estudio, analizó las muestras para tratar de determinar cómo había sido transportado y depositado el material acumulado en el lugar del impacto -y a veces también su procedencia-, algo esencial para entender la cantidad de agua que fluía en el cráter y los procesos que ocurrieron cuando se estaba llenando.

"Los sedimentos revelan enormes energías de transporte que son mucho más grandes que cualquier otra inundación catastrófica conocida en el planeta. El agua densa y llena de escombros se movía con velocidades que equivalían a la velocidad del viento de los huracanes", detalla Ormö.

Pero quizá el hallazgo más importante de la investigación está relacionado con el azufre, el elemento químico que originó el enfriamiento global y el cambio climático que causó la extinción masiva; "el verdadero asesino", según Gulick.

Los análisis de las muestras de roca desvelan que el impacto del asteroide vaporizó, al menos, 325.000 millones de toneladas métricas de minerales ricos en azufre presentes en el lugar del impacto, suficiente para hacer que la luz solar se volviera opaca y provocar un drástico enfriamiento en toda la Tierra.

La cantidad de azufre que se liberó ese día a la atmósfera es unas 10.000 veces superior a la que expulsó el volcán indonesio de Krakatoa en 1883, que provocó un descenso promedio de 2,2 grados en la temperatura global durante cinco años.

Para Ormö, "todo lo que se puede deducir de los sedimentos depositados en esos primeros instantes nos permite saber cómo fue el primer día del Cenozoico, el primer día de una nueva era dominada por los mamíferos y eventualmente por nuestra propia especie. Una especie que ahora, por otras causas como la contaminación masiva de los océanos y de la atmósfera, ha iniciado la sexta y última de las extinciones masivas. Tal vez todavía estamos a tiempo de aprender algo del pasado. 

Referencia bibliográfica:

IODP-ICDP Expedition 364 Scientists:
S. P. S. Gulick, Institute for Geophysics and Department of Geological Sciences, Jackson School of Geosciences, University of Texas at Austin, Austin, TX, USA
J. V. Morgan, Department of Earth Science and Engineering, Imperial College London, London, UK
T. J. Bralower, Department of Geosciences, Pennsylvania State University, State College, PA, USA E. Cheno, Géosciences Montpellier, Université de Montpellier, Montpellier, France
G. L. Christeson, Institute for Geophysics, Jackson School of Geosciences, University of Texas at Austin, Austin, TX, USA,
P. Claeys, Analytical, Environmental and GeoChemistry, Vrije Universiteit Brussel, Brussels, Belgium C. S. Cockell, Centre for Astrobiology, School of Physics and Astronomy, University of Edinburgh, Edinburgh, UK
M. J. L. Coolen, Department of Chemistry, WA Organic and Isotope Geochemistry Centre, Curtin University, Perth, Western Australia, Australia
L. Ferrière, Natural History Museum, Vienna, Austria
C. Gebhardt, Alfred Wegener Institute Helmholtz Centre of Polar and Marine Research, Bremerhaven, Germany
K. Goto, International Research Institute of Disaster Science, Tohoku University, Sendai, Japan, now at: Department of Earth and Planetary Science, University of Tokyo, Japan
S. Green, British Geological Survey, Edinburgh, UK
H. Jones, Department of Geosciences, Pennsylvania State University, University Park, PA, USA
D. A. Kring, Lunar and Planetary Institute, Houston, TX, USA
E. LeBer, School of Geography, Geology, and the Environment, University of Leicester, Leicester, UK J. Lofi, Géosciences Montpellier, Université de Montpellier, Montpellier, France
C. M. Lowery, Institute for Geophysics, Jackson School of Geosciences, University of Texas at Austin, Austin, TX, USA
R. OcampoTorres, Groupe de Physico Chimie de l’Atmosphère, L’Institut de Chimie et Procédés pour l’Énergie, l’Environnement et la Santé (ICPEES), Université de Strasbourg, Strasbourg, France
L. Perez Cruz, Instituto de Geofísica, Universidad Nacional Autónoma De México, Mexico, Mexico
A. E. Pickersgill, School of Geographical and Earth Sciences, University of Glasgow, Glasgow, now at: Argon Isotope Facility, Scottish Universities Environmental Research Centre, East Kilbride, UK
M. H. Poelchau, Institut für Geound Umweltnaturwissenschaften, Albert Ludwigs Universität, Freiburg, Germany
A. S. P. Rae, Department of Earth Science and Engineering, Imperial College London, London, UK, now at: Institut für Geound Umweltnaturwissenschaften, Albert Ludwigs Universität, Freiburg, Germany
C. Rasmussen, Institute for Geophysics, Jackson School of Geosciences, University of
Texas at Austin, Austin, TX, USA, Department of Geology and Geophysics, University of Utah, Salt Lake City, UT, USA
M. Rebolledo Vieyra, Independent consultant, Cancun, Mexico
U. Riller, Institut für Geologie, Universität Hamburg, Hamburg, Germany
H. Sato, Japan Agency for Marine Earth Science and Technology, Kanagawa, Japan
D. Schmitt, Department of Earth, Atmospheric, and Planetary Sciences, Purdue University, West Lafayette, IN, USA
J. Smit, Faculty of Earth and Life Sciences (FALW), Vrije Universiteit Amsterdam, Amsterdam, Netherlands
S. M. Tikoo, Earth and Planetary Sciences, Rutgers University, New Brunswick, NJ, USA, now at: Department of Geophysics, Stanford University, Stanford, California USA
N. Tomioka, Kochi Institute for Core Sample Research, Japan Agency for Marine Earth
Science and Technology, Kochi, Japan
J. Urrutia Fucugauchi, Instituto de Geofísica, Universidad Nacional Autónoma De México, Mexico, Mexico
M. T. Whalen, Department of Geosciences, University of Alaska Fairbanks, Fairbanks, AK, USA
A. Wittmann, Eyring Materials Center, Arizona State University, Tempe, AZ, USA
L. Xiao, School of Earth Sciences, Planetary Science Institute, China University of
Geosciences, Wuhan, China
K. E. Yamaguchi, Department of Chemistry, Toho University, Chiba, Japan, now at: Disaster Prevention Research Institute, Kyoto University, Kyoto, Japan.

El primer día del Cenozoico

Publicar un comentario

Author Name

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con tecnología de Blogger.