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Exponen en Cuicuilco vestigios mayas hallados en la Laguna Mensabak, Chiapas

Se trata de artefactos de lítica pulida y tallada y huesos de animales, además de fotografías antiguas sobre exploraciones efectuadas en ese lugar

Huesos de Animales. Foto Mauricio Marat. INAH

  • Dr. Josuhé Lozada Toledo, INAH, y el Dr. Joel W. Palka, profesor de la Universidad Estatal de Arizona y director del Proyecto Arqueológico.
  • Se trata de artefactos de lítica pulida y tallada y huesos de animales, además de fotografías antiguas sobre exploraciones efectuadas en ese lugar
  •  La exposición permanecerá hasta el 25 de febrero de 2022, en el Museo de Sitio de la Zona Arqueológica de Cuicuilco

Ciudad de México.- Tras el colapso de gran parte de la antigua civilización maya, hacia el año 800 d.C., debido a una gran sequía, la sobrepoblación y conflictos sociales derivados de ello, las grandes capitales regionales como Palenque, Bonampak y Yaxchilán, en lo que hoy es el estado de Chiapas, fueron abandonadas de manera repentina, por lo que los grupos sociales emigraron buscando recursos como el agua, llegando a la Selva Lacandona, donde se ubica la Laguna Mensabak.

Dicho cuerpo lacustre de naturaleza kárstica, constituye un espacio social que albergó a grupos provenientes del tronco lingüístico maya durante diversas temporalidades, con ocupaciones hacia 200 a.C., seguido de un abandono de la laguna entre 300 d.C. y 1200 d.C., hasta su reocupación en el periodo Posclásico Tardío (1250 d.C.-1550 d.C.). Este importante asentamiento ha sido explorado por investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), cuyos resultados se presentan en la exposición Arqueología en las casas de los dioses. Laguna Mensabak, Chiapas.

Organizada por el INAH, a través de la Dirección de Estudios Arqueológicos (DEA), la muestra montada en el Museo de Sitio de la Zona Arqueológica de Cuicuilco, en la Ciudad de México, se integra de materiales recuperados en las exploraciones arqueológicas en dicha laguna.

El director del Proyecto Arqueológico Aplicación de Técnicas Arqueométricas en el Estudio del Arte Rupestre de la Selva Lacandona, Josuhé Lozada Toledo, y el titular del Proyecto Arqueológico Mensabak, Joel W. Palka, de la Universidad Estatal de Arizona, explicaron que ese cuerpo de agua, ubicado cerca de Ocosingo, fue importante para los mayas debido a que les proveyó del vital líquido y de recursos alimenticios, además de contar con espacios simbólicos donde realizaban rituales.

Esta laguna, cuyo nombre Mensabak, significa en maya lacandón “Señor que hace la lluvia”, y es relacionado con Tláloc, está dominada por un cerro que emerge del agua (altepetl), donde sus habitantes elaboraron pinturas rupestres y petrograbados que dan cuenta de un fuerte culto a este recurso hídrico.

El arqueólogo Josuhé Lozada comentó que la exposición, integrada por 18 artefactos líticos (siete de lítica pulida y 11 herramientas de lítica tallada), 20 huesos de animales y 16 fotografías antiguas sobre las exploraciones en la laguna, muestra la riqueza arqueológica e importancia del lugar.

Se presentan los materiales recuperados en las investigaciones arqueológicas hechas al píe de los acantilados, los cuales cuentan con pinturas rupestres y, en menor medida, petrograbados, por lo que decidimos realizar exploraciones subacuáticas y excavaciones al pie de estos riscos”, indicó.

De los hallazgos se exponen piezas de lítica pulida del Posclásico Tardío, como metates y manos de metates, localizados al pie del peñasco Mensabak; de piedra tallada, como artefactos de obsidiana (navajillas prismáticas y puntas de proyectil); y un hacha de piedra verde del Preclásico Tardío.

Asimismo, se muestran huesos de animales: venado cola blanca, venado cabrito, armadillo de nueve bandas, pecarí de labios blancos, tapir, cocodrilo, y de algunas tortugas como la hicotea, tres lomos y casquito, indicativos de lo que consumían los mayas de esa región en aquellas épocas. Los restos óseos de fauna fueron estudiados por el investigador de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Yael Sánchez López, y por la bióloga de la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Técnico del INAH, Ana Fabiola Guzmán Camacho.

Los materiales líticos se analizaron en los laboratorios de Prehistoria y Evolución del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, coordinado por el arqueólogo Guillermo Acosta Ochoa, por medio de extracción de almidones, técnica que reveló restos de tomate y chile en algunos artefactos, lo que indica que fueron molidos en dichos utensilios. Asimismo, se hallaron restos de maíz y camote, con los que probamente se realizaban algunos atoles.

En tanto, la obsidiana fue estudiada en el Laboratorio de Tecnología de Cazadores-Recolectores, de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, coordinado por la arqueóloga Patricia Pérez Martínez, cuyos resultados indican la presencia de residuos de sangre y colágeno acumulados en tales artefactos; también se aprecian huellas de uso, lo que significa que estas navajillas fueron utilizadas para cortar huesos.

Lo anterior es interesante, porque en ese contexto no hallamos huesos de animales, lo que sí encontramos en las cercanías son huesos humanos, lo que probablemente refiera a una práctica de sacrificio y de desmembramiento”, detalló el arqueólogo de la DEA. 

Las 16 fotografías antiguas de la exposición proceden del acervo de la Asociación Cultural Na Bolom, tomadas por la fotógrafa y etnógrafa suiza Gertrude Duby, pareja del arqueólogo danés Frans Blom, quienes se asentaron en San Cristóbal de las Casas para recorrer la región en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, visitando lugares como la Laguna Mensabak.

La muestra cuenta con algunas láminas sobre el arte rupestre localizado en los riscos, del cual los arqueólogos han identificado 210 motivos diversos, entre los que abundan figuras antropomorfas e impresiones de manos, relacionadas con rituales asociados al tema de las peregrinaciones.

La exposición culmina con un video sobre el paisaje de la laguna y la riqueza arqueológica de la región, producido por Jonathan Lozada. La exhibición concluirá el 25 de febrero de 2022 y puede ser visitada de miércoles a viernes, de 10:00 a 15:45 horas. La entrada es libre, cupo limitado a 450 personas por día, 10 de manera simultánea y siguiendo los protocolos sanitarios.

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