La gripe española y la COVID-19 ¿algo que aprender para el mundo del trabajo?

  • El brote de gripe española de 1918 diezmó a poblaciones del mundo entero, y, al igual que la pandemia de la COVID-19, tuvo gran repercusión en el trabajo, en particular entre las comunidades más pobres y vulnerables.
Ginebra.- En medio de la pandemia de la COVID-19 , muchas personas recuerdan la gripe española del periodo 1918-1919, que costó la vida a unos 50 millones de personas, es decir, al 2,5 por ciento de la población mundial. ¿Hay lecciones que aprender desde la perspectiva del mundo del trabajo? 

La gripe española no comenzó en España, pero así fue bautizada debido a que los periódicos españoles fueron los primeros en informar sobre el tema. Tres olas de esa enfermedad golpearon al mundo desde sus presuntos orígenes en un campamento militar de la Primera Guerra Mundial en Kansas (Estados Unidos de América). A la primera oleada de baja intensidad en el segundo trimestre de 1918 le siguieron un segundo brote entre septiembre y diciembre de 1918, y un tercero a principios de 1919. 

Aunque no en la misma medida, todos los países se vieron afectados. Samoa perdió el 22 por ciento de su población; España, el 12,3 por ciento, y los Estados Unidos, el 6,5 por ciento. En la India colonial esta gripe se cobró la vida del 6 por ciento de la población, o sea, de 18 millones de personas; aproximadamente, la misma cantidad de víctimas de la Primera Guerra Mundial. 

Patrones similares, medidas similares

La COVID-19 y la gripe española han afectado a un mundo sumamente globalizado e interconectado en el que los buques, el transporte por mar y los trenes, y hoy en día los aviones, son vectores de fácil propagación de los virus. Como 1918 fue el último año de la Primera Guerra Mundial, el consiguiente desplazamiento de tropas y refugiados fue un factor determinante en la propagación de aquel virus. En el periodo 2019-2020, los principales transmisores han sido los viajeros por negocios y por placer. 

Al igual que en 2020, las únicas medidas de control de la propagación de la enfermedad en 1918 fueron el aumento de la higiene, la cuarentena de los infectados, la “distancia social” y la paralización de buena parte de la vida pública. Ello supuso restricciones masivas de las libertades civiles, y la parálisis y la perturbación de la economía. 

Tanto en el periodo 1918-1919 como en la actualidad, los más pobres y vulnerables, que suelen vivir en condiciones de hacinamiento, tener un trabajo mal pagado y escaso o nulo acceso a la atención de salud, estuvieron mucho más expuestos a la infección. También fueron los primeros en sufrir medidas de confinamiento más estrictas, y los que más riesgo sufrieron de perder la vida y sus medios de vida. 
Diferentes repercusiones

La Gripe Española tuvo lugar en el último tramo de la Primera Guerra Mundial en un contexto de caos generalizado. La respuesta a la crisis fue descoordinada, sobre todo de ámbito local, y con gran movilización de grupos de la sociedad civil.

En los países industrializados, el impacto económico duró bastante poco . Posteriormente, el “boom” económico de los tan prósperos años veinte volvió a dar trabajo a mucha gente. 

En otros lugares del mundo, como la India y el África subsahariana, las consecuencias fueron más graves y duraderas. El déficit de trabajo afectó a la siembre y las cosechas, de modo que el precio de los alimentos se disparó causando una hambruna generalizada y el aumento del flujo de migrantes a los centros urbanos. Ello provocó disturbios sociales, huelgas y rebelión contra los poderes coloniales. 
Lo que podemos aprender

Aunque el mundo de hoy es muy diferente, es preciso tomar nota de aquellos acontecimientos del periodo 1918-1919: una pandemia aumenta la pobreza y las desigualdades; ello reviste un costo social y humano cuyos efectos pueden ser desestabilizantes y muy prolongados. 

En la actualidad, los estados tienen más margen de respuesta, incluso mediante políticas y herramientas fiscales y del mercado laboral, y tienen también la posibilidad de participar en la cooperación internacional mediante las Naciones Unidas y sus asociados internacionales. 

Las políticas de respuesta a la crisis de la COVID-19 tienen que abordar las desigualdades sin olvidar a las comunidades pobres, rurales y marginadas. Las normas internacionales del trabajo de la OTI, como la Recomendación núm. 205 sobre el empleo y el trabajo decente para la paz y la resiliencia , proporcionan el marco idóneo. 

Los problemas económicos y laborales derivados de la crisis de la COVID-19 también hacen pensar en la crisis económica de los años treinta y en las políticas de reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial. 

En respuesta a la devastación y el desempleo masivos, la OIT promovió la protección social integral, incluida la atención de salud, y diversas políticas de promoción del empleo basadas en el convencimiento de que la pobreza, en cualquier lugar, constituye un peligro para la prosperidad de todos . 

Estas respuestas del pasado hoy pueden servir de inspiración para las políticas de recuperación, que deben ser justas y, en comparación con las del pasado, mucho más sostenibles. 

Por Dorothea Hoehtker, Investigadora Superior, Departamento de Investigaciones de la OIT

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